y que una ley decidía que la tuya era mía.
Que un contrato de besos, por una cláusula oculta,
cerraba el acuerdo si me reía.
Que la piel que tocabas se erizaba a tu tacto
porque también lo sabía.
Que los suspiros firmaban secretos
con nuestro aire, siendo de nadie,
de esa forma los protegían.
No podías soltar mis manos,
sus líneas formaban planos
y en aquel loco viaje,
de otro modo, se perderían.
Y se perdieron.
Y callados suspiraban los recuerdos
en el mapa de aquellos sueños
que, sin dueño, ese silencio borró.
Y los besos fueron del aire
y, sin destino,
el rumbo incierto los desterró.
Y tengo lágrimas que aún preguntan,
si fueran tuyas,
por qué nadie las recogió.
Y las mías…
… quizás las tengas
y la (in)justicia marcó la pena
para los dos.
Decías que mi boca era tuya
Publicado enBlog
